lunes, 29 de junio de 2015

Los magufos y la ciencia ficción




Cuando me inicié en el mundo de internet recuerdo que me topé con un exceso de información brutal. Acostumbrado a ver las cosas bajo un solo punto de vista, a mis trece o catorce años me resultaba un tanto molesto que para todo hubieran segundas y terceras versiones. Aquel amplio abanico de opciones me pareció algo nuevo, casi milagroso, pero ese exceso de información también tenía su parte negativa. ¿En qué creer?

Con el paso del tiempo me acostumbré al riego constante de información y aprendí a separar las versiones absurdas de las más coherentes, a saber discernir entre lo puramente conspirativo y lo que merece alguna sombra de duda. Como todos (o casi todos), hubo un tiempo en el que también caí en la red magufa y me tragaba todas las tonterías y sin sentidos que salían por la boca de ciertos gurús y amantes del to' natural. Por aquel entonces no era consciente de que todo era un negocio y que ni los mismos gurús se creían la mayor parte de las sandeces que soltaban, pero eran, como he dicho, otros tiempos. 

Aunque suene a tópico, mi escepticismo comenzó cuando me aficioné a la lectura. Exacto señores, cuando uno lee libros de fantasía o de ciencia-ficción se da cuenta de lo fácil que resulta darle la vuelta a la realidad y amoldarla para crear una historia. Sagas como El Alquimista (de Michael Scott), Artemis Fowl (de Eoin Colfer) o Harry Potter (de J.K. Rowling) son ejemplos clave. El autor crea unos personajes, los sitúa en un entorno determinado y funde la realidad con la ficción proporcionándole al lector una explicación más o menos plausible. Al ofrecerle una explicación lógica, el lector la acepta sin más y sigue con la lectura. Las hipótesis conspirativas (me niego a llamarlas "teorías") funcionan igual. 

Al lector puede resultarle curioso que mi escepticismo se iniciara con los libros de fantasía, ya que la lógica nos lleva a pensar que debería ser lo contrario, ¿no? Sin embargo, cuando leía esas historias no podía evitar encontrar algunos puntos en común con las archiconocidas conspiraciones que inundan el mundo magufo a diario. ¿No son lo mismo? Me pregunté en más de una ocasión. 

Dicen que la mejor manera de volverse ateo (o agnóstico) es leer la Biblia y comprobar de primera mano sus contradicciones. Pues bien, ahora puedo decir que acudir a las fuentes oficiales no es siempre el mejor método para volverse escéptico (los hay muy cabezotas que no razonan ni así). Hay veces que lo mejor es ir a la raíz del problema, es decir, leer novelas fantásticas o de ciencia ficción y analizar las conexiones que ofrece el autor para darle coherencia a la historia. Si encuentras puntos en común entre esas novelas fantásticas y alguna hipótesis dicha o escrita por algún gurú, ya sabes: pura magufería

PD. No estoy diciendo que escribir novelas de género fantástico o de ciencia ficción sea algo sencillo que pueda hacer cualquiera. Lo he expuesto de esa forma para abreviar. 


Imagen de Ribastank

domingo, 21 de junio de 2015

En ocasiones veo sectas


Serían las doce del mediodía, quizá un poco más tarde. Tenía examen ese mismo día y le estaba dando un último repaso a los apuntes. El libro que pedí una semana atrás estaba por llegar, al menos, eso fue lo acordado con la librería. Se trataba de una edición de 1944 de Qvo Vadis...?, una novela histórica ambientada en la época del emperador romano Nerón y escrita entre los años 1895 y 1896 por Henryk Sienkiewicz

Así las cosas, cuando llamaron al timbre de la puerta supuse que sería el cartero y la abrí sin mirar primero por la mirilla, cosa que siempre suelo hacer para evitar a los comerciales y a miembros de sectas que llaman de puerta en puerta. Sé que muchos verán esto último criticable, pero oye, uno no es perfecto. Siempre es más sencillo simular que no se está en casa. Te ahorras el coñazo de explicarles que no te interesa y el comercial no pierde su tiempo explicándote un producto que no vas a comprar.

Tras la puerta me topé con una mujer mayor y otra joven muy bien vestidas y con carpetas en ristre. Nada más verlas me arrepentí de haber abierto la puerta, pero una vez cometido el error no me quedó más remedio que aguantar y ver qué querían venderme. Había dos opciones, o eran comerciales o captadoras de ingenuos para su secta. En cualquier caso, esperaba que no fueran la segunda opción. Son los más pesados.

La de más edad, que rondaría la cincuentena, me miró con una falsa sonrisa de oreja a oreja y me entregó un folleto cuyo título ya dejaba ver que eran la segunda opción. Con el rimbombante <<¿Quieres ir por el buen camino? Sigue a Dios>> miré a la señora intentando que no se me notara la cara de fastidio para decirle que no me interesaba, pero antes de abrir la boca empezó a hablarme sin más. La más joven, que tendría entre veinticinco y treinta años, solo miraba la escena expectante. Seguramente sería una novata que estaba aprendiendo.

La conversación vino a ser algo así:

CAPTADORA. Buenos días, ¿le interesaría descubrir el camino de la felicidad y la salvación? — la sonrisa falsa se le ensancha todavía más—.
YO. Eh...no, gracias —arqueo una ceja ante la preguntita y no puedo evitar que se me note cierto deje de fastidio. Recuerdo que he abierto la puerta descalzo, con camisa de tirantes y un descolorido pantalón corto que tiene más años que Matusalén—.
CAPTADORA. ¿No le interesa el más allá? ¿Lo que hay después de la vida? Nosotras se lo explicamos todo. Si luego siente más curiosidad tiene la información en el folleto —en este punto pongo los ojos en blanco y dejo que mi peso recaiga sobre el otro pie—.
YO. Lo siento señora, pero no me interesa —dicho esto espero que desista y siga con su ruta de captación, aunque es en vano—.
CAPTADORA. Pero...¿no le interesa su futuro? —la sonrisa falsa empieza a decaer y se vuelve más forzada—.
YO. Señora, soy ateo, no me interesan esas cosas —en este punto veo que la joven arruga la nariz y pone cara de estupefacción. La de más edad, para mi sorpresa, no se inmuta y me responde algo que me deja perplejo—.
CAPTADORA. No se preocupe, si yo también soy atea —es aquí cuando la miro como quien contempla a un extraterrestre y me dan ganas de preguntarle qué hace entonces "captando fieles" de puerta en puerta. La más joven mira a su mentora con cara de no entender—. ¿De verdad no le interesa?
YO. No —respondo ya secamente y sin disimular el hastío. Le devuelvo a su vez el folleto, que acepta con desgana. La joven empieza a darse la vuelta para subir las escaleras e intentarlo con mi vecino. La captadora se despide y la sigue—.

Moraleja: Mira siempre por la mirilla antes de abrir la puerta.

martes, 9 de junio de 2015

¡Nos invaden los rojos!


El FMI (Fondo Monetario Internacional) lo ha vuelto a hacer. Ayer elogió al gobierno del PP por las reformas llevadas a cabo y le animaba a seguir por la misma ruta. Sus recomendaciones van desde facilitar todavía más el despido (¿es eso posible?) a subir el IVA de los productos básicos, aumentar los repagos copagos y seguir recortando en sanidad y en educación. Evidentemente, el PP no piensa tomar tales medidas teniendo tan cerca las elecciones generales, pero la hoja de ruta ya la tiene marcada. Lo único que debe hacer es esperar a ganar las generales para seguir haciendo uso de la tijera.

Para el gobierno actual, todo aquel que ose criticar sus políticas es un rojo-comunista-antisistema que quiere acabar con la democracia e instalar un sistema totalitario. Sin ir más lejos, el ministro Montoro ninguneó en marzo de 2014 un devastador informe de Cáritas diciendo que "no se ajusta a la realidad de un país que está superando la crisis". En dicho informe se establecía que uno de cada tres niños españoles (2,8 millones) viven en riesgo de pobreza y exclusión social, lo que viene a demostrar que España es el segundo país de la Unión Europea cuyas políticas sociales son menos efectivas para reducir la pobreza. Dicho informe fue ratificado más tarde por la ONG Shave The Children tras un análisis del problema de Europa, pero supongo que este detalle le traerá sin cuidado a nuestro ministro de hacienda.

Siendo un poco más concretos, el informe decía, entre otras cosas, que nuestro país solo es superado por Rumanía en cuanto a pobreza infantil, que los hogares sin ingresos han pasado de más de 300.000 en 2007 a casi 700.000 en 2013 y que, atentos al dato, 11,7 millones de personas están afectadas en España por diversos procesos de exclusión social, un 60,7% más que en 2007. Si queréis conocer más detalles id a los enlaces que os he dejado más arriba. No os dejará indiferentes.

Luego, para hacerla corta, poco antes de las elecciones del 24 de mayo vimos a un exultante Rajoy soltar las siguientes perlas: 

- "¿Quién habla hoy del rescate, de la quiebra de España, de la salida del euro o de la prima de riesgo?".

- "¿Quién habla hoy en día de recesión y de paro?".

En serio, ¿en qué país vive este señor?

Lo que preocupa, según el PP

A estas alturas, y con toda la retahíla que os he soltado, cabe pensar que la prioridad del gobierno es terminar con todo lo expuesto anteriormente, pero en lugar de eso nos encontramos con unos políticos que no hacen más que echar pestes de los nuevos partidos con una rabia y arrogancia impropias de alguien que ejerce un cargo público. Les preocupa más su sillón que el bienestar del pueblo que los votó hace cuatro años, y solo se acuerdan del mismo cuando faltan pocos meses para las elecciones.

La preocupación que tienen ahora los del PP es esa invasión roja que amenaza con bajarles de la poltrona. El auge de Podemos y otras formaciones como Ahora Madrid y Barcelona en Comú han demostrado que se pueden obtener magníficos resultados sin invertir grandes cantidades de dinero en campaña. Basta con tener el apoyo popular.

Por ello, no puedo evitar sonreír cuando hablan despectivamente de "esas formaciones que aparecieron hace cuatro días" o de "las ocurrencias de los nuevos partidos", esos que "suenan a viejos doctrinarios de su época universitaria", porque son esos partidos que tanto menosprecian los que tienen ahora la sartén por el mango.

¡Que vienen los rojos!

Como era de esperar, la estrategia del miedo hizo acto de presencia desde el minuto uno. Lo más curioso es que en lugar de meter miedo de forma pausada y coherente optaron por el más absurdo alarmismo. Un alarmismo faltón, incongruente, senil y totalmente carente de fundamento que causa más risa que espanto.

Tras oír toda la sarta de memeces, barbaridades y sinsentidos que se han proferido desde el 24 de mayo a uno le da la impresión de ser el espectador de una opereta con pésimos actores. Como prueba, os dejo las frases que he considerado más estelares, independientemente de quién las dijera: 

- "Podemos está fuera del sistema democrático constitucional".

- "Van a quemar iglesias y violar a monjas".

- "Hay que evitar que Madrid tenga una alcaldesa que quiera utilizar la alcaldía como trampolín para romper el sistema democrático y occidental".

- "Ahora empezarán que si fuera el Valencià, a tomar por saco la senyera, en la plaza de toros construirán un puticlub, las banderas españolas a tomar viento fresco, colegios públicos catalanistas, quema de iglesias, violación de monjas, a cagar el himno valencià y español".

- "Un gobierno de concentración en el que estén todos, incluida la señora Carmena, pero con un programa apoyado por todos en el que las propuestas de constituir soviets en los distritos decaigan (como propuesta)".

La gran pregunta es: ¿Lo dijeron en serio o fue un simple calentón? Yo ya no sé qué pensar...

domingo, 7 de junio de 2015

La historia interminable, de Michael Ende


Esta vez he decidido dejar la política a un lado y seguir con la crítica literaria. Me parece una buena forma de oxigenar un poco el blog y dejar aparcadas las rencillas políticas, las estupideces que todos hemos oído decir a diversos políticos en estos últimos días y el tacticismo electoral. Desde la noche del 24 de mayo he escuchado tantos despropósitos y disparates juntos que, si intentara hacer un post sobre el tema, no sabría por dónde empezar. ¿Solución? Lo que ya es habitual en este blog: escribir a contracorriente.

Leer un libro donde el tema principal de la historia sea el mismo libro es cuanto menos curioso. Para empezar, el personaje principal, Bastián Baltasar Bux, es un niño de once años que sufre bullying en la escuela y que, por azares del destino, acaba escondiéndose en una librería. De esa librería robaría un libro titulado "la historia interminable". Bastián, ávido lector, pensó que un libro que nunca termina es el culmen de la perfección, así que no lo dudó un solo momento.

A partir de entonces todo transcurre en un trastero de la escuela, que es donde Bastián se esconde para leer el mismo libro que estamos leyendo nosotros. Con la tinta verde para relatar lo que ocurre en Fantasía y la tinta roja para describir los acontecimientos del mundo real uno termina enfrascándose en dos historias distintas que están condenadas a unirse. Michael Ende sacó a relucir esa fantasía que todos hemos tenido alguna vez al leer un libro: participar directamente en la trama, conocer a los personajes y ser los protagonistas de la historia. Todo eso en 419 páginas.

En España se tiene el mal vicio de ver el género fantástico como algo para niños, pero "la historia interminable", con su prosa sencilla y directa, es una historia dentro de una historia de la que siempre se aprende algo nuevo cada vez que se vuelve a leer. Sin duda, viene de perlas para airear esas mentes apolilladas y acartonadas que tienden a verlo todo gris.